miércoles, 7 de enero de 2009

RELATOS ERÓTICOS. CARTAS A LOU


Cuadro: Danae de Lucien Levy-Dhurmier (cuenta la leyenda, que Zeus poseyó a Danae transformado en polvo de oro).
Pensando que te adoro, que te deseo, que pienso en tu desnudez exquisita de Salomé masturbándose ante la cabeza degollada del Bautista. Piensa en lo mucho que me gustan tus senos, merengues exquisitos que parecen nevados por un crepúsculo rosáceo. Mírate las bellas nalgas trémulas que he azotado con deleite, cuyas palpitaciones me hacen estremecer sólo con recordarlas. La Suiza de tu cuerpo es más agradable y más bella que los Alpes con todo su Mont Blanc, su Righi y su Mont Rose, contempla tus bellos ojos cuyas miradas se despliegan como cables que nos unen para siempre. Piensa que te amo tanto con el alma como con el cuerpo y al día siguiente, henchida de este pensamiento, resiste, reprímete, no marees el dedito. Imagina la dulzura, el encanto de nuestros encuentros, contempla tu espíritu encantador y sagaz, de agudezas inesperadas que me maravillan, piensa en la bella inteligencia que te caracteriza, donde quiero contemplarme siempre con complacencia, pues deseas elevarla hacia el bello ideal. He visto hoy en una esquina del viejo Nimes este anuncio singular en caracteres grandes: “La Casa Platón no tiene sucursal”. No le falta razón a la Casa Platón, que se quede donde está, no tiene sucursal en nuestro amor, que no es ni puede ni podrá ser nunca platónico, pues tenemos que amarnos tanto fuera como dentro de la carne. Yo te amo tanto en lo uno como en lo otro. Y te aseguro que no es poco decir. Tu vida no debe limitarse a la carne, a veces es preciso que todo tu cerebro, toda tu alma, todo tu corazón, se interpongan entre tu dedo delicado y tu delicioso botoncito, impidiendo el contacto voluptuoso.
Guillaume Apollinaire

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