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jueves, 5 de febrero de 2009

POESÍA ERÓTICA. ESTRECHOS SON LOS BAJELES (IV) SAINT-JOHN PERSE

"Desnudo de mujer". Joaquín Sorolla


IV "...Quejas de mujer sobre la arena, jadear de mujer en la noche
no son sino arrullo de tempestad en fuga sobre las aguas.
Torcaz de huracán y acantilado, y corazón que rompe sobre las
arenas,
¡cuánto mar hay aún en la dicha llorosa de la Amante!...
Tú, el Opresor y que nos pisoteas, como nidadas
de codornices y corrientes de alas migratorias,
¿nos dirás quién nos congrega?

Mar a mi voz mezclado y mar en mi siempre mezclado, amor,
amor que grita sobre los rompientes y los corales,
¿dejarás medida y gracia en el cuerpo de mujer demasiado
amante?...
Queja de mujer y estrujada, queja de mujer y no herida...
¡dilata, oh Patrón, mi suplicio; prolonga, oh Patrón, mi delicia:
¿Qué tierna bestia arponada fue, más amante, castigada?


Mujer soy y mortal, en toda carne donde no está el Amante.
Para nosotras el duro tiro en marcha sobre las aguas.
¡Que nos pisotee con el casco, y nos hiera con el espolón,
y con el timón tachonado de bronce nos golpee!. ..
Y la Amante tiene al Amante como un pueblo de gañanes,
y el Amante tiene a la Amante como una reyerta de astros.
Y mi cuerpo se abre sin decencia al Garañón del rito
como la mar misma en la embestida del rayo.(...)


SAINT JOHN-PERSE

jueves, 29 de enero de 2009

POESÍA ERÓTICA. ESTRECHOS SON LOS BAJELES (III.2). SAINT-JOHN PERSE

Óleo de Edward Cucuel

2."...Amante, no levantaré techo para la Amante.
El Estío caza a la jabalina sobre los surcos de mar.
El deseo silba sobre su era.
Y yo, como el gavilán de las playas que reina sobre su
presa,
he cubierto con mi sombra todo el esplendor de tu cuerpo.
¡Decreto del cielo y que nos ata! Y no es hora ya, oh cuerpo
oferto,
de elevar en mis manos la ofrenda de tus senos.
¡Un lugar de rayo y de oro nos colma de su gloria!
Salario de brasas, no de rosas. ¿Y provincia marítima
alguna fue,
bajo las rosas, más sabiamente pillada?

Tu cuerpo, oh carne regia, madura los signos del Estío
de mar:
manchado de lunas, de albugos, moteado de miel y de vino
púrpura
y pasado como arena por el cedazo de los lavadores de oro
-esmaltado con oro y apresado en las grandes y luminosas
redes
barrederas que trastean en agua clara.
¡Carne regia y firmada con firma divina! De la nuca a la
axila,
a la sangría de las piernas,
y del muslo interno al ocre de
los tobillos,
buscaré, baja la frente, la cifra oculta de tu nacimiento
entre las siglas reunidas de tu orden natal
-como esas enumeraciones estelares que suben, cada
noche,
de las mesas submarinas para ir, lentamente,
a inscribirse al Oeste en las panegirias del Cielo.

El estío, quemador de cortezas, de resinas,
mezcla al ámbar de mujer el perfume de los pinos negros.
Atezado de mujer y bermejo de ámbar son de julio el olor y
el mordisco.
Así los dioses, ganados por un mal que no es nuestro,
se hacen de oro de laca en su piel de muchachas.
Y tú, vestida de un tal liquen, dejas de estar desnuda:
la cadera adornada de oro y los muslos pulidos como
muslos de hoplita...
Loado seas, alto cuerpo velado por su esplendor,
contrastado como el oro en flor con el cuño de los Reyes.
(¿Y quién, pues no ha soñado desnudar esos grandes
lingotes de oro pálido,
vestidos de ante muy suave, que hacia las Cortes viajan en
los pañoles,
bajo sus bandeletas de grueso cáñamo
y sus grandes ligaduras entrecruzadas de espartería?) (...)

SAINT-JOHN PERSE


jueves, 22 de enero de 2009

POESÍA ERÓTICA. ESTRECHOS SON LOS BAJELES (III.1) SAINT-JOHN PERSE

George Watts


III. 1. "Mis dientes son puros bajo tu lengua.
Pesas sobre mi corazón y gobiernas mis miembros.
Patrón del lecho, oh mi amor, como el Patrón del navío.
Dócil la barra a la presión del Patrón, dócil la ola en su poderío.
Y es otra en mí quien gime con el aparejo...
Una misma ola por el mundo, una misma ola hasta nosotros,
en lo más remoto del mundo y de su edad...
Y tanto oleaje, y por doquiera, que sube e irrumpe hasta en nosotros...

¡Ah! no seas un patrón duro por el silencio y por la ausencia, ¡piloto muy hábil, amante demasiado atento! Toma, toma de mí más que don de ti mismo.
Amando ¿no querrías ser también el Amado?...
Temo, y la inquietud habita bajo mi seno.
A veces, el corazón del hombre a lo lejos se extravía,
y bajo el arco de su ojo hay, como en los grandes arcos solitarios
, ese muy grande lienzo de mar de pie en las puertas del Desierto...

Oh tú, obsedido, como el mar, por cosas lejanas y mayores,
te he visto, cejijunto, buscar más allá de mujer.
La noche en que navegas ¿no tendrá, pues, su isla, su ribera?
¿Quién, pues, en ti siempre se aliena y se reniega? -Pero no, has sonreído,
eres tú, vienes a mi rostro, con toda esa gran claridad de umbría
como de un gran destino en marcha sobre las aguas
(¡oh mar repentinamente herido de brillo entre sus grandes sementeras
de limo verde y amarillo!) y yo,tendida sobre mi flanco derecho,
oigo latir tu sangre nómade contra mi pecho de mujer desnuda.

Estás ahí, amor mío, y lugar sólo tengo en ti.
Elevaré hacia ti la fuente de mi ser, y te abriré mi noche de mujer,
más clara que tu noche de hombre:
y la grandeza en mí de amar te enseñará tal vez la gracia de ser amado.
¡Licencia entonces a los juegos del cuerpo! ¡Ofrenda, ofrenda, y favor de ser!
La noche te abre una mujer: su cuerpo, sus puertos, su ribera;
y su noche prístina en que yace toda memoria.
¡Amor haga de ella su guarida!

...Estrecha mi cabeza entre tus manos, estrecha mi frente ceñida de hierro.
Y mi rostro comible como fruto de ultramar: el mango ovalado y amarillo,
rosa fuego, que los corredores de Asia sobre losas de imperio, depositan una
noche,
antes de medianoche, al pie del Trono taciturno...
Tu lengua es en mi boca como salvajería de mar; el sabor del cobre está en mi
boca.
Y nuestro alimento en la noche no es alimento de tinieblas, ni nuestro brebaje,
en la noche, es bebida de cisterna.

Estrecharás el círculo de tus dedos sobre mis muñecas de amante, y mis
muñecas serán,
entre tus manos, como muñecas de atleta bajo su banda de cuero.
Llevarás mis brazos anudados más allá de mi frente; y uniremos así nuestras
frentes,
como para la realización conjunta de grandes cosas en la arena.
de grandes cosas a vista de mar, y yo misma seré tu muchedumbre en la arena,
entre la fauna de tus dioses.


O bien, ¡libres mis brazos!...y mis manos tienen licencia
en el atelaje de tus músculos -sobre todo ese altorrelieve de la espalda,
sobre todo ese nudo movedizo de los riñones,
cuadriga en marcha de tu fuerza como la musculatura misma de las aguas.
¡Te loaré con las manos, poderío! y tú, nobleza del flanco viril,
pared de honor y de altivez que guarda todavía, desnuda,
como la huella de la armadura.


El halcón del deseo tira de sus pihuelas de cuero.
El amor cejijunto se inclina sobre su presa.
Y yo, yo he visto mudarse tu rostro, ¡depredador!
como acontece a los rateros de ofrendas en los templos,
cuando cae sobre ellos la irritación divina...
Tu dios nuestro huésped, de paso, Congrio salaz del deseo,
remonta en nosotros el curso de las aguas.
El óbolo de cobre está sobre mi lengua,
el mar llamea en los templos, y el amor ruge en las caracolas
como el Monarca en las salas del Consejo.

¡Amor, amor, faz extranjera!
¿Quién te abre en nosotros sus vías de mar?
¿Quién toma el timón, y con qué manos?...
¡Corred a las máscaras, dioses precarios!
¡cubrid el éxodo de los grandes mitos!
El Estío, cruzado de otoño, rompe en las arenas recalentadas
sus huevos de bronce jaspeados de oro
en que crecen los monstruos, los héroes.
Y la mar a lo lejos huele fuertemente a cobre y al olor del cuerpo masculino...
¡Alianza de mar es nuestro amor que sube a las Puertas de Sal Roja!".


SAINT-JOHN PERSE