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jueves, 26 de marzo de 2009

Poesía erótica. ESTRECHOS SON LOS BAJELES (VI). SAINT JOHN-PERSE

Obra de Francisco Hayez


VI.
Un poco antes de la aurora y las cuchillas del día,

cuando el rocío de mar enluce los mármoles y los bronces,
y el ladrido lejano de los campos hace deshojarse a las rosas
en la ciudad,
yo te vi, velabas, y fingí el sueño.

¿Quién, pues, en ti se aliena siempre con el día?
Y tu mansión, ¿dónde, pues, está?...
¿Te irás mañana sin mí por la mar extranjera?
¿Quién, pues, tu huésped, lejos de mí?
¿O qué Piloto silencioso sube solo a tu bordo,
de ese lado de mar que no se aborda?

Tú, a quien he visto crecer allende mi cadera,
como inclinado sobre el borde de los acantilados,
no conoces, no has visto, tu faz de águila peregrina.
¿El pájaro tallado en tu rostro horadará la máscara del amante?

¿Quién eres, pues, Patrón nuevo?
¿Hacia qué tendido, en que no tengo parte?
y ¿sobre qué borde del alma irguiéndote,
como príncipe bárbaro sobre su montón de arreos?;
¿o como ese otro, entre las mujeres, husmeando la acidez de
las armas?

¿Cómo amar, con amor de mujer -amando, a aquel
por quien nadie puede nada? ¿Y de amor qué sabe él?(...)

SAINT JOHN-PERSE



miércoles, 4 de marzo de 2009

POESÍA ERÓTICA. ESTRECHOS SON LOS BAJELES (V). SAINT JOHN-PERSE

"Destino consumado". Burne-Jones


V. A tu lado arrumbada, como el remo a fondo de barca;

a tu lado adujada, como la vela con la verga, al pie del mástil

anudada...

Un millón de burbujas más que dichosas, en la estela y so la quilla.

Y la mar misma, nuestro sueño, como una sola y vasta umbela...

Y su millón de cabezuelas, de flásculos en vías de diseminación...


¡Supervivencia, oh prudencia! Frescura de tormenta y que se aleja,

párpados macerados, del azul de tormenta... Abre la palma de tu

mano,

dicha de ser... ¿Y quién, pues, estaba ahí, que no es más que favor?

Un paso se aleja en mí que no es de mortal.

Viajeros a lo lejos viajan que no hemos interpelado.

Tended la tienda impregnada de oro, oh pura umbría de trasvida...


Y la grande ala silenciosa que tan largo tiempo

fue tal, a nuestra popa, orienta todavía en el sueño,

orienta todavía sobre las aguas,

nuestros cuerpos que tanto se han amado,

nuestros corazones que tanto se han conmovido...

A lo lejos la carrera de una última ola,

alzando más alta la ofrenda de su freno...

Te amo -estás aquí- y toda la inmensa dicha de ser

que fue aquí consumada. (...)

SAINT JOHN-PERSE

jueves, 5 de febrero de 2009

POESÍA ERÓTICA. ESTRECHOS SON LOS BAJELES (IV) SAINT-JOHN PERSE

"Desnudo de mujer". Joaquín Sorolla


IV "...Quejas de mujer sobre la arena, jadear de mujer en la noche
no son sino arrullo de tempestad en fuga sobre las aguas.
Torcaz de huracán y acantilado, y corazón que rompe sobre las
arenas,
¡cuánto mar hay aún en la dicha llorosa de la Amante!...
Tú, el Opresor y que nos pisoteas, como nidadas
de codornices y corrientes de alas migratorias,
¿nos dirás quién nos congrega?

Mar a mi voz mezclado y mar en mi siempre mezclado, amor,
amor que grita sobre los rompientes y los corales,
¿dejarás medida y gracia en el cuerpo de mujer demasiado
amante?...
Queja de mujer y estrujada, queja de mujer y no herida...
¡dilata, oh Patrón, mi suplicio; prolonga, oh Patrón, mi delicia:
¿Qué tierna bestia arponada fue, más amante, castigada?


Mujer soy y mortal, en toda carne donde no está el Amante.
Para nosotras el duro tiro en marcha sobre las aguas.
¡Que nos pisotee con el casco, y nos hiera con el espolón,
y con el timón tachonado de bronce nos golpee!. ..
Y la Amante tiene al Amante como un pueblo de gañanes,
y el Amante tiene a la Amante como una reyerta de astros.
Y mi cuerpo se abre sin decencia al Garañón del rito
como la mar misma en la embestida del rayo.(...)


SAINT JOHN-PERSE

jueves, 29 de enero de 2009

POESÍA ERÓTICA. ESTRECHOS SON LOS BAJELES (III.2). SAINT-JOHN PERSE

Óleo de Edward Cucuel

2."...Amante, no levantaré techo para la Amante.
El Estío caza a la jabalina sobre los surcos de mar.
El deseo silba sobre su era.
Y yo, como el gavilán de las playas que reina sobre su
presa,
he cubierto con mi sombra todo el esplendor de tu cuerpo.
¡Decreto del cielo y que nos ata! Y no es hora ya, oh cuerpo
oferto,
de elevar en mis manos la ofrenda de tus senos.
¡Un lugar de rayo y de oro nos colma de su gloria!
Salario de brasas, no de rosas. ¿Y provincia marítima
alguna fue,
bajo las rosas, más sabiamente pillada?

Tu cuerpo, oh carne regia, madura los signos del Estío
de mar:
manchado de lunas, de albugos, moteado de miel y de vino
púrpura
y pasado como arena por el cedazo de los lavadores de oro
-esmaltado con oro y apresado en las grandes y luminosas
redes
barrederas que trastean en agua clara.
¡Carne regia y firmada con firma divina! De la nuca a la
axila,
a la sangría de las piernas,
y del muslo interno al ocre de
los tobillos,
buscaré, baja la frente, la cifra oculta de tu nacimiento
entre las siglas reunidas de tu orden natal
-como esas enumeraciones estelares que suben, cada
noche,
de las mesas submarinas para ir, lentamente,
a inscribirse al Oeste en las panegirias del Cielo.

El estío, quemador de cortezas, de resinas,
mezcla al ámbar de mujer el perfume de los pinos negros.
Atezado de mujer y bermejo de ámbar son de julio el olor y
el mordisco.
Así los dioses, ganados por un mal que no es nuestro,
se hacen de oro de laca en su piel de muchachas.
Y tú, vestida de un tal liquen, dejas de estar desnuda:
la cadera adornada de oro y los muslos pulidos como
muslos de hoplita...
Loado seas, alto cuerpo velado por su esplendor,
contrastado como el oro en flor con el cuño de los Reyes.
(¿Y quién, pues no ha soñado desnudar esos grandes
lingotes de oro pálido,
vestidos de ante muy suave, que hacia las Cortes viajan en
los pañoles,
bajo sus bandeletas de grueso cáñamo
y sus grandes ligaduras entrecruzadas de espartería?) (...)

SAINT-JOHN PERSE