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domingo, 26 de abril de 2009

Madame Bovary. Flaubert. (Fragmentos)


La siesta
Autor: Pierre Bonnard1867-1945


Al día siguiente fue para Emma un día fúnebre. Todo le pareció envuelto en una atmósfera negra que flotaba confusamente sobre el exterior de las cosas, y la pena se hundía en su alma con aullidos suaves, como hace el viento en los castillos abandonados. Era ese ensueño que nos hacemos sobre lo que ya no volverá, el cansancio que nos invade después de cada tarea realizada, ese dolor, en fin, que nos causa la interrupción de todo movimiento habitual, el cese brusco de una vibración prolongada.
Como el regreso de la Vaubyessard, cuando las contradanzas le daban vueltas en la cabeza, tenía una melancolía taciturna, una desesperación adormecida. León se le volvía a aparecer, más alto, más guapo, más suave, más difuso; aunque estuviese separado de ella, no la había abandonado, estaba allí, y las paredes de la casa parecían su sombra. Emma no podía apartar su vista de aquella alfombra que él había pisado, de aquellos muebles vacíos donde se había sentado.
...
¡Qué buenas jornadas de sol habían tenido!...Él leía en voz alta, descubierto, sentado en un taburete de palos rústicos; el viento fresco de la pradera hacía temblar las páginas del libro y las capuchinas del cenador...¡Ah!¡se había ido el único encanto de su vida, la única esperanza posible de felicidad!¿Cómo no se había apoderado de aquella ventura cuando se le presentó?¿Por qué no lo había retenido con las dos manos, con las dos rodillas, cuando quería escaparse? Y se maldijo por no haber amado a León; tuvo sed de sus labios. Le entraron ganas de correr a unirse con él, de echarse en sus brazos, de decirle: "¡Soy yo, soy tuya!" Pero las dificultades de la empresa la contenían, y sus deseos, aumentados con el disgusto, no hacían sino avivarse más.
Desde entonces aquel recuerdo de León fue como el centro de su hastío; chisporroteaba en él con más fuerza que en una estepa de Rusia, un fuego de viajeros abandonado sobre la nieve. Se precipitaba sobre él, se acurrucaba contra él,.....ella lo recogía todo y lo utilizaba todo para aumentar su tristeza.
Sin embargo, las llamas se aplacaron, bien porque el fuego se agotase por sí mismo, o porque su acumulación fuese excesiva. El amor, poco a poco, se fue apagando por la ausencia, la pena se ahogó por la costumbre; y aquel brillo de incendio que teñía de púrpura su cielo pálido fue llenándose de sombra y se borró gradualmente. En su conciencia adormecida, llegó a confundir las repugnancias hacia su marido con aspiraciones hacia el amante, los ardores del odio con los calores de la ternura; pero, como el huracán seguía soplando ....
....
....(páginas después, y después de conocer a Rodolphe)
...
León, con paso grave, caminaba junto a la pared. Jamás la vida le había parecido tan buena. Ella iba a venir enseguida, encantadora, agitada, espiando detrás las miradas que la seguían, y con su vestido de volantes, sus impertinentes de oro, sus finísimos botines, con toda clase de elegancias de las que él no había gustado y en la inefable seducción de la virtud que sucumbe. La iglesia, como un camarín gigantesco, se preparaba para ella; las bóvedas se inclinaban para recoger en la sombra la confesión de su amor....
Sin embargo, no aparecía. León se acomodó en una silla y sus ojos se fijaron en una vidriera azul donde se veían unos barqueros...., mientras que su pensamiento andaba errante en busca de Emma.
El guarda, un poco apartado, se indignaba interiormente con aquel individuo, que se permitía admirar por su cuenta la catedral. Le parecía que se comportaba de una manera monstruosa, que le robaba en cierto modo, y que casi cometía un sacrilegio.
Pero un frufú de seda sobre las losas, el borde de un sombrero, una esclavina negra...¡Era ella! León se levantó y corrió a su encuentro.
Emma estaba pálida, caminaba de prisa.
-¡Lea!-le dijo tendiéndole un papel-..¡Oh.no!
Y bruscamente retiró la mano....
...
Ya se levantaba y se iban a marchar cuando el guardia se acercó decidido, diciendo:
-¿La señora, sin duda, no es de aquí?¿La señora desea ver las curiosidades de la iglesia?
-¡Pues no!-dijo él.
-¿Por qué no?-replicó ella.
Pues ella se agarraba con virtud vacilante a la Virgen, a las esculturas, a las tumbas, a todos los pretextos.
Entonces, para seguir un orden, el guardián les llevó hasta la entrada, cerca de la plaza, donde mostrándoles con su bastón un gran círculo de adoquines negros, sin inscripciones ni cincelados, dijo majestuosamente:
-Aquí tiene la circunferencia de la gran campana de Amboise. Pesaba cuarenta mil libras. No había otra igual en toda Europa. El obrero que la fundió murió de gozo...
-Vámonos-dijo León.
.....
El inagotable guía continuaba...
.....
-¡Ah! ¡León!...Verdaderamente..., no sé... si debo...
Ella estaba melindrosa. Después en un tono serio:
-No es nada decente, ¿sabe usted?
-¿Por qué-replicó él-. ¡Esto se hace en París!
Y estas palabras, como un irresistible argumento, le hicieron decidirse.
...
...por fin apareció el coche.
...
-¿Adónde va el señor?-preguntó el cochero.
-¡Adonde usted quiera!-dijo León metiendo a Emma dentro del coche.
Y la pesada máquina se puso en marcha.
...
-¡Siga!
...
-¡No, siga recto!-dijo una voz que salía del interior.
...
-¡Siga caminando!-exclamó la voz con más furia.
....
Volvió atrás; y entonces sin rumbo ni dirección, al azar, se puso a circular de un lado para otro. ....De vez en cuando el cochero...y oía detrás exclamaciones de cólera...
Después, hacia las seis, el coche se paró....y se apeó de él una mujer con el velo bajado que echó a andar sin volver la cabeza.
(Vuelve con Charles, su marido. Muere su suegro)
....
....y con la mayor sangre fría del mundo, añadió:
-No me fío demasiado. ¡Los notarios tienen tan mala fama! Quizás habría que consultar...No conocemos más que ...¡Oh!, nadie.
-A no ser que León...-replicó Charles, reflexionando.
Pero era difícil entenderse por correspondencia. Entonces Emma se ofreció a hacer aquel viaje. Charles se lo agradeció. Ella insistió. Fue un forcejeo de amabilidades mutuas. Por fin, ella exclamó en un tono de enfado ficticio:
-No, por favor, yo iré.
-¡Qué buena eres!-le dijo besándole en la frente.
Al día siguiente tomó "L'Hirondelle" para ir a Rouen a consultar al señor León; y se quedó allí tres días.
Capítulo III (Tercera parte)
Fueron tres días plenos, deliciosos, espléndidos, una verdadera luna de miel.
Estaban en el "Hôtel de Boulogne", en el puerto. Allí vivían, con las contras y las puertas cerradas, con flores por el suelo y bebidas heladas que les traían por la mañana temprano.
....
...Su vestido negro, cuyos pliegues se ensanchaban en abanico, la hacía más delgada y más alta. Tenía la cabeza erguida, las manos juntas y los ojos mirando al cielo. A veces la sombra de los sauces la ocultaba por completo, luego reaparecía de pronto como una visión a la luz de la luna.
León, en el suelo, al lado de ella, encontró bajo su mano una cinta de seda color rojo vivo.
El barquero la examinó y acabó por decir:
-¡Ah!, puede que sea de un grupo que paseé el otro día. Vinieron un montón de comediantes, señores y señoras, con pasteles, champán, cornetines, y toda la pesca; había uno sobre todo, un mozo alto y guapo, con bigotito, que era muy divertido, y decían algo así: "Vamos, cuéntanos algo...Adolphe...Dodolphe...", me parece.
Emma se estremeció.
...(Continuará...)

domingo, 22 de marzo de 2009

RELATOS ERÓTICOS. UNA TARDE DE DOMINGO VIII. ROBERTO ARLT.


Cuadro: Pryne, de Gustave Boulanger.
Karl: - Ya ve…Nosotros los maridos modernos ni somos capaces de torcerle el pescuezo a un canalla que nos roba la mujer. Cierto es que esto de no torcerle el pescuezo a la cónyuge es una conquista del pensamiento y de la civilización…, pero, de cualquier forma, a veces es agradable asesinar a alguien…en nombre de una superstición. Y además, Leonilda…, si Juan no la matara a usted ni a mí, no lo haría por bondad, sino simplemente comprendiendo que al ponerle usted unos cuernos grandes como una casa, no hacía sin tomarse un poco de justicia por su mano…, pero volvamos al punto de partida…;cuando entré yo pensaba de qué modo iniciaría la comedia amorosa con usted, besándole la mano o tomándole un seno.- Eugenio…- Eso era lo que pensaba.- No le permito…- Ahora es usted la que hace la comedia…- Bueno…, pero no hable así.- Perfectamente…, suprimida la descripción de la sección masaje.- Eugenio…- Leonilda…Usted no me deja expresar con coherencia.- Hable decentemente.- El caso es este. Cuando entramos, yo esperaba que usted se pusiera a bailar, y me dijera “vea qué valiente soy: hoy he resuelto ponerle cuernos a mi marido”. Yo deseaba que me dijera eso, Leonilda. O que, desprendiéndose la bata, me dijera: “béseme el nacimiento de los senos”. O , sino “arrodíllese aquí a mis pies y apoye la cabeza en mis rodillas”. También cuando entró…durante un instante, dije: “Qué maravilloso sería si apareciera desnuda pero envuelta en una robe de chambre”.- Pero usted está loco…- Leonilda…, son suposiciones…; yo no digo que usted debió hacer forzosamente eso, ni nada parecido…Me limito a insinuar qué agradable hubiera sido que ello ocurriera…- Gracias a Dios.- Ya sé…no ocurrió…Cuando entramos, usted me dijo: “me aburro”, entonces, créame, el alma se me cayó a los pies.- ¿Porqué?- No sé. Instintivamente usted y Juan me dieron lástima.- Lástima…, lástima él…- Y usted. - Ahora Eugenio caminaba de un lugar al otro del escritorio-. Claro, vi su problema y su problema era el de todas las mujeres casadas.El esposo continuamente en la oficina ellas eternamente solas entre las cuatro paredes que usted contaba.- No tenemos nada que decirnos Eugenio.- Y es natural, Leonilda, ¿cuántos años hace que se casó?...

jueves, 5 de marzo de 2009

RELATOS ERÓTICOS. ANÄIS NIN. EL ANILLO. PRIMERA PARTE

cuadro: la ola, de Seignac.

Es costumbre entre los indios del Perú intercambiar anillos al prometerse en matrimonio, anillos que hayan sido de su propiedad durante mucho tiempo y que, a veces, tienen forma de cadena. Un indio muy apuesto se enamoró de una peruana de ascendencia española, pero chocó con la violenta oposición de la familia de la muchacha. Los indios tenían fama de perezosos y degenerados, y se decía que producían hijos débiles e inestables, sobre todo si se casaban con personas de sangre española. A pesar de la oposición, los jóvenes celebraron con sus amigos la ceremonia de compromiso. El padre de la chica se presentó durante la fiesta y amenazó con que si alguna vez encontraba al indio llevando el anillo en forma de cadena que la muchacha le había dado, se lo arrancaría del dedo de la manera más sangrienta, y que si era necesario le cortaría el dedo. Este incidente estropeó la fiesta. Todo el mundo se fue a casa, y la joven pareja se separó prometiéndose encontrarse en secreto. Se encontraron una noche después de muchas dificultades, y se besaron con fervor, largamente. La mujer, exaltada por los besos, estaba dispuesta a entregarse, sintiendo que aquél podría ser su último momento de intimidad, ya que la ira de su padre iba día a día en aumento. Pero el indio estaba decidido a casarse y no quería poseerla en secreto. Entonces ella se dio cuenta de que no llevaba el anillo en el dedo. Le interrogó con los ojos. Él le dijo al oído: –Lo llevo donde no puede ser visto, en un lugar en que me impedirá tomarte a ti o a cualquier otra mujer antes de que nos casemos.

martes, 17 de febrero de 2009

POESÍA ERÓTICA. PIENSO EN TU SEXO. CÉSAR VALLEJO

"Desnudo de mujer". Acuarela. Francesco Ballesio


PIENSO EN TU SEXO

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la Sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mundo.

¡Odumodneurtse!

CÉSAR VALLEJO


domingo, 1 de febrero de 2009

POESÍA ERÓTICA. SONETOS CORPORALES. RAFAEL ALBERTI


Cuadro: Los unicornios. De Gustav Moreau
Cúbreme amor, el cielo de la boca
con esa arrebatada espuma extrema,
que es jazmin del que sabe y del que quema,
brotado en punta de coral de roca.

Alócamelo, amor, su sal, aloca
tu lancinante aguda flor suprema
doblando su furor en la diadema
del mordiente clavel que se desboca.

¡Oh ceñido fluír amor, oh bello!
borbotar temperado de la nieve
por tan estrecha gruta en carne viva,

para mirar como tu fino cuello
se te resbala, amor, y se te llueve
de jazmines y estrellas de saliva!

martes, 27 de enero de 2009

POESÍA ERÓTICA. GONZALO ROJAS. PAREJA HUMANA


Cuadro: Jasçon de Gustav Moreau

Hartazgo y orgasmo

son dos pétalos en español de un mismo

lirio tronchadocuando la piel y vértebras,

olfato y frenesí tristemente tiritan

en su blancura última, dos pétalos de nieve

y lava, dos espléndidos cuerpos deseosos

y cautelosos, asustados por el asombro, ligeramente heridos

en la luz sanguinaria de los desnudos:

un volcán

que empieza lentamente a hundirse.

Así el amor en el flujo espontáneo de unas venas

encendidas por el hambre de no morir, así la muerte:

la eternidad así del beso, el instante

concupiscente, la puerta de los locos,

así el así de todo después del paraíso:

-Dios, ábrenos de una vez.

POESÍA ERÓTICA. EL TEMBLOR. JOSÉ ÁNGEL VALENTE



La lluvia
como una lengua de prensiles musgos
parece recorrerme, buscarme la cerviz, bajar,
lamer el eje vertical,

contar el número de vértebras que me separan
de tu cuerpo ausente.

Busco ahora despacio con mi lengua
la demorada huella de tu lengua
hundida en mis salivas.

Bebo, te bebo
en las mansiones líquidas
del paladar
y en la humedad radiante de tus ingles,
mientras tu propia lengua me recorre
y baja,
retráctil y prensil, como la lengua
oscura de la lluvia.

La raíz del temblor llena tu boca,
tiembla, se vierte en ti
y canta germinal en tu garganta.


JOSÉ ÁNGEL VALENTE

miércoles, 14 de enero de 2009

POESÍA ERÓTICA. HALLAZGO. CARMEN CONDE

"Odalisca sobre diván". Eugéne Delacroix



Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
en el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
Y tú, flotante en mi desnudez.
Alzaré los brazos y sostendré tu aire.
Podrás desceñir mi sueño
porque el cielo descansará en mi frente.
Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
Navegaremos juntos, tú serás mi vela
y yo te llevaré por mares escondidos.
¡Qué suprema efusión de geografías!
Tus manos sobre mis manos.
Tus ojos, aves de mi árbol,
en la yerba de mi cabeza.


Carmen Conde, España