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martes, 18 de mayo de 2010

EL SEXO DEL AMOR, FRAGMENTO. MIGUEL OSCAR MENASSA


Cuadro: Venus dormida. Georgione


Abre las piernas, amor mío.

Tu voz rozando mi cuello, mis pezones,

mi bajo vientre acongojado por el amor,

se cuela entre los pliegues de mi sexo,

húmedo y estremecido sexo del encuentro.

Abre las piernas, amor mío,

abre esas piernas, hembra mansa,

da un paso más, olvídate de ti.

El viento se detiene en el vértigo,

arranca mi piel en destellos de luz.

Cuando regreso, despeinada y maltrecha,

me sonríes desde la blancura de una página.

Abre las piernas, amor mío,

abre las piernas como para volar,

abre las piernas, amor mío,

demos un paso más…

Del libro "El sexo del amor" de Miguel Oscar Menassa

domingo, 18 de octubre de 2009

ORILLAS DE TU VIENTRE...


Cuadro: Julio Romero de Torres. Chiquita Piconera.

¿Qué exaltaré en la tierra que no sea algo tuyo?

A mi lecho de ausente me echo como a una cruz

de solitarias lunas del deseo, y exalto

la orilla de tu vientre.

Clavellina del valle que provocan tus piernas.

Granada que ha rasgado de plenitud su boca.

Trémula zarzamora suavemente dentada

donde vivo arrojado.

Arrojado y fugaz como el pez generoso,

ansioso de que el agua, la lenta acción del agua

lo devaste: sepulte su decisión eléctrica

de fértiles relámpagos.

Aún me estremece el choque primero de los dos;

cuando hicimos pedazos la luna a dentelladas,

impulsamos las sábanas a un abril de amapolas,

nos inspiraba el mar.

Soto que atrae, umbría de vello casi en llamas,

dentellada tenaz que siento en lo más hondo,

vertiginoso abismo que me recoge, loco

de la lúcida muerte.

Túnel por el que a ciegas me aferro a tus entrañas.

Recóndito lucero tras una madreselva

hacia donde la espuma se agolpa, arrebatada

del íntimo destino.

En ti tiene el oasis su más ansiado huerto:

el clavel y el jazmín se entrelazan, se ahogan.

De ti son tantos siglos de muerte, de locura

como te han sucedido.

Corazón de la tierra, centro del universo,

todo se atorbellina, con afán de satélite

en torno a ti, pupila del sol que te entreabres

en la flor del manzano.

Ventana que da al mar, a una diáfana muerte

cada vez más profunda, más azul y anchurosa.

Su hálito de infinito propaga los espacios

entre tú y yo y el fuego.

Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro.

La losa que me cubra sea tu vientre leve,

la madera tu carne, la bóveda tu ombligo,

la eternidad la orilla.

En ti me precipito como en la inmensidad

de un mediodía claro de sangre submarina,

mientras el delirante hoyo se hunde en el mar,

y el clamor se hace hombre.

Por ti logro en tu centro la libertad del astro.

En ti nos acoplamos como dos eslabones,

tú poseedora y yo. Y así somos cadena:

mortalmente abrazados.


viernes, 28 de agosto de 2009

POESÍA ERÓTICA. CATULO. CARMEN II

Cuadro: Dos desnudos en Las lanas. Frida Kahlo

Gorrioncito, joya de mi pequeña,

con quien juega, al que resguarda en el seno,

al que suele dar la yema del dedo

y le incita desgarrados mordiscos:

cuando a mi deseo resplandeciente

le place tornarse alegre y aliviarse

de sus cuitas, para aplacar su ardor,

¡cuánto me gustaría, como hace ella,

jugar contigo y desterrar las penas

lejos de mi triste ánimo!

Me es tan grato como a la niña el fruto

doradito que soltó el ceñidor

que tanto tiempo permaneció atado.



viernes, 14 de agosto de 2009

POESÍA ERÓTICA. BECQUER. POR UNA MIRADA UN MUNDO...

Cuadro: La balanza del zodiaco. Falero.


Por una mirada, un mundo,
por una sonrisa, un cielo,
por un beso... ¡yo no sé
que te diera por un beso!

lunes, 13 de julio de 2009

POESÍA ERÓTICA. CINTA ABISMAL. DINA POSADA.

Cuadro: Cupido y Psyche. Annie Wynnerton.

CINTA ABISMAL

Es tu lengua
acierto de vigilia
dejándose llevar
por el lascivo
inquieto
travieso
viento moreno
de mis muslos

Hebra de agua tibia
descubriendo
mis pechos despiertos
piruetea con la gana
que el espejo refleja
en una marejada
de pulsos agitados

Lápiz de filo diligente
perfilando mi abertura
que se explaya
enardece
y grita
soltando su vena
salpicando los sentidos

Voluntad de labios
sometiendo
labios a su voluntad

Anzuelo que pesca
sujeta
y
vuela
con mi carne

al punto preciso

donde el resuello
dice
que termina
y
la quietud
clama
por nacer.

viernes, 5 de junio de 2009

POESÍA ERÓTICA. PIEDRA DE HORNO. NICOLÁS GUILLÉN


Cuadro: El tocador. Falero

La tarde abandonada gime deshecha en lluvia.
Del cielo caen recuerdos y entran por la ventana.
Duros suspiros rotos, quimeras lastimadas.
Lentamente va viniendo tu cuerpo.
Llegan tus manos en su órbita
de aguardiente de caña;
tus pies de lento azúcar quemados por la danza,
y tus muslos, tenazas del espasmo,
y tu boca, sustancia
comestible y tu cintura
de abierto caramelo.
Llegan tus brazos de oro, tus dientes sanguinarios;
de pronto entran tus ojos traicionados;
tu piel tendida, preparada
para la siesta:
tu olor a selva repentina; tu garganta
gritando –no sé, me lo imagino-, gimiendo
-no sé, me lo figuro-, quemándose- no sé, supongo, creo;
tu garganta profunda
retorciendo palabras prohibidas.
Un río de promesas
desciende de tu pelo,
se demora en tus senos,
cuaja al fin en un charco de melaza en tu vientre,
viola tu carne firme de nocturno secreto.
Carbón ardiente y piedra de horno
en esta tarde fría de lluvia y de silencio.

domingo, 24 de mayo de 2009

POESÍA ERÓTICA. AMOR MÍO, MI AMOR, AMOR HALLADO...Jaime Sabines



Amor mío, mi amor, amor hallado
de pronto en la ostra de la muerte.
Quiero comer contigo, estar, amar contigo,
quiero tocarte, verte.
Me lo digo, lo dicen en mi cuerpo
los hilos de mi sangre acostumbrada,
lo dice este dolor y mis zapatos
y mi boca y mi almohada.
Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado.
Te quiero desde el poste de la esquina,
desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo
donde se duerme un agua de amapolas.
Cabellera del aire desvelado,
río de noche, platanar oscuro,
colmena ciega, amor desenterrado,
voy a seguir tus pasos hacia arriba,
de tus pies a tu muslo y tu costado.

miércoles, 25 de febrero de 2009

POEMAS ERÓTICOS. DOS. PAVESE.


Dibujo: Rodin. La lujuria.
Hombre y mujer se miran supimos en el lecho:
Ambos cuerpos se extienden grandes y agotados.
Está el hombre inmóvil, tan sólo la mujer respira hondamente
Y su blanco costado palpita. Las piernas extendidas
Del hombre son enjutas y nudosas. El susurro
De la calle bañada por el sol bulle tras los postigos.
El aire pesa impalpable en la densa penumbra
y congela las gotas de vivo sudor
en los labios. Las miradas de las cabezas arrimadas
son idénticas, pero ya no encuentran los cuerpos
abrazados, como antes. Se rozan apenas.
Mueve algo sus labios la mujer, que calla.
La respiración que le hincha el costado se contiene
Ante una mirada más persistente del hombre. La mujer
Vuelve el rostro acercando una boca a la otra.
Pero la mirada del hombre no cambia en la sombra.
Graves e inmóviles pesan los ojos en los ojos,
bajo la tibieza del aliento que reaviva el sudor,
desolados. La mujer no mueve su cuerpo
blando y vivo. La boca del hombre se acerca.
Pero la mirada inmóvil no cambia en la sombra.

sábado, 21 de febrero de 2009

POESÍA ERÓTICA. ELLOS DOS. MARÍA CHÉVEZ




Cuadro: El rapto de psiquis, de Pierre Paul Proud'hon
Ella
era una hembra.
Torpe y cruel
desgajándose en silencios
en palabras vanas.
Él
era un solitario
un hombre sin destino.
Juntos
por la estúpida costumbre
de prolongar encuentros fortuitos.
Tuvieron hijos porque toda mujer desea alguno.
Y vinieron tardes somnolientas
donde el tedio
era señorío.
Se arrastraban por el mundo
esperando,
algún licor violento
dios ajeno que trastocara el sopor,
oculto dardo del sinsentido.
Y vivieron juntos
furtivos al asombro
a los otros.
Ella
despertaba aburrida
entre bostezos
al sol sobre sus hombros.
Él bebía silencioso, su café.
Le sonreía sobrio
y la olvidaba.

Los encontré una noche
Él
muerto a martillazos
sobre la inmensa cama destruida
ella ciega,
irremediablemente
loca de horror.
Cerraron la puerta y todo siguió igual.
Ella

deformó su cuerpo y lo cubrió
del paisaje cotidiano
la vida familiar.
Él se fue yendo
nadie se dio cuenta.
Los hijos vivieron del recuerdo.
Fueron
propiedad exclusiva
de una mujer digna
intachable
una luchadora
madre de familia.

lunes, 16 de febrero de 2009

POESÍA ERÓTICA. INSTINTO. 1, CESARE PAVESE


Cuadro: concierto campestre, Giorgine


El hombre viejo, desengañado de todo,
desde el umbral de su casa, bajo el tibio sol,
contempla cómo perro y perra dan rienda suelta a su instinto.
Corretean moscas por su boca desdentada.
Su mujer falleció hace ya tiempo. También ella,
como todas las perras, pretendía ignorarlo,
pero tenía instinto. El hombre viejo husmeaba
- poseía aún dientes- , llegaba la noche
se metían en la cama. Era hermoso el instinto.
Lo que gusta del perro es su gran libertad.
De la mañana a la noche andorrea por la calle;
y ora come, ora duerme, ora monta las perras:
ni siquiera espera la noche. Razona,
como husmea, y los olores que siente son suyos.
Recuerda el hombre viejo la ocasión en que, de día,
lo hizo como un perro en un campo de trigo.
Ya no sabe quién era la perra, mas recuerda el sol radiante
y el sudor y el deseo de no cesar nunca.
Era igual que en un lecho. Si volviese aquel tiempo,
querría hacerlo siempre en un campo de trigo.
Una mujer baja a la calle y se detiene a mirar;
pasa el cura y se gira. En la plaza pública
se puede hacer cualquier cosa. Incluso mujer,
que tiene recato de girarse por el hombre, se para.
Hay tan sólo un muchacho que no tolera ese juego
y le asesta pedradas. Se irrita el hombre viejo.

sábado, 14 de febrero de 2009

POEMAS ERÓTICOS. TRABAJAR CANSA. CESARE PAVESE


Cuadro: desayuno sobre la hierba, de Manet

Los dos tendidos sobre la hierba, vestidos,
se miran a la cara
entre los tallos delgados: la mujer le muerde los cabellos
y después muerde la hierba. Entre la hierba, sonríe turbada.
Coge el hombre su mano delgada y la muerde
y se apoya en su cuerpo. Ella le echa, haciéndole dar tumbos.
La mitad de aquel prado queda, así, enmarañada.
La muchacha, sentada, se acicala el peinado
y no mira al compañero, tendido, con los ojos abiertos.
Los dos, ante una mesita, se miran a la cara
por la tarde y los transeúntes no cesan de pasar.
De vez en cuando, les distrae un color más alegre.
De vez en cuando, él piensa en el inútil día
de descanso, dilapidado en acosar a esa mujer
que es feliz al estar a su vera y mirarle a los ojos.
Si con su pie le toca la pierna, bien sabe
que mutuamente se envían miradas de sorpresa
y una sonrisa, y que la mujer es feliz.
Otras mujeres que pasan
no le miran el rostro, pero esta noche por lo menos
se desnudarán por un hombre.
O es que acaso las mujeres
sólo aman a quien malgasta su tiempo por nada.
Se han perseguido todo el día y la mujer tiene aún las mejillas
enrojecidas por el sol. En su corazón le guarda gratitud.
Ella recuerda un besazo rabioso intercambiado en un bosque,
interrumpido por un rumor de pasos, y que todavía le quema.
Estrecha consigo el verde ramillete
-recogido de la rocade una cueva- de hermoso adianto y envuelve al compañero
con una mirada embelesada. Él mira fijamente la maraña
de tallos negruzcos entre el verde tembloroso
y vuelve a asaltarle el deseo de otra maraña
-presentida en el regazo del vestido claro-
y la mujer no lo advierte. Ni siquiera la violencia
le sirve, porque la muchacha, que le ama, contiene
cada asalto con un beso y le coge las manos.
Pero esta noche, una vez la haya dejado,
sabe dónde irá:volverá a casa, atolondrado y derrengado,
pero saboreará por lo menos en el cuerpo saciado
la dulzura del sueño sobre el lecho desierto.
Solamente -y ésta será su venganza-
se imaginará
que aquel cuerpo de mujer que hará suyo
será, lujurioso y sin pudor alguno, el de ella.

CESARE PAVESE

lunes, 9 de febrero de 2009

POESÍA ERÓTICA. SÍ, SÍ. DE CHARLES BUCOWSKY


Cuadro : Figua femenina de Tolousse Lautrec

cuando Dios creó el amor no ayudó mucho
cuando Dios creó a los perros no ayudó a los perros
cuando Dios creó las plantas no fue muy original
cuando Dios creó el odio tuvimos algo útil
cuando Dios me creó a mí, bueno, me creó
cuando Dios creo al mono estaba dormido
cuando creó a la jirafa estaba borracho
cuando creó las drogas estaba colocado
cuando creó el suicidio estaba deprimido

cuando te creó a ti durmiendo en la cama
sabía lo que hacía

estaba borracho y colocado
y creó las montañas y el mar y el fuego
al mismo tiempo
cometió algunos errores

pero cuando te creó a ti durmiendo en la cama

consiguió de veras algo para Su Bendito Universo.