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viernes, 23 de octubre de 2009

POESÍA ERÓTICA. VIVIRNOS. VICENTE ALEIXANDRE.


Cuadro: Desnudo. Julio Romero de Torres

No me digas que esta noche tu presencia murmurada,

tu casi invisible presencia,

de tan rumorosa que me eres,

de tan silenciosa y sonreída que esta noche te siento.

Aquí, tendida a mi lado,

como casi una nota musical suspendida;

en medio del silencio de la noche,

cuando nadie sospecha tu presencia, una luz

que silenciosa, que adelgazadamente ha irrumpido.

Dime. Callemos... ¿Qué es el amor? Vivirnos.

Vivirnos día a día. Son años, Son un minuto. Son el inmóvil

discurrir de la vida.

Quietos,

vemos pasar el tiempo. Corriente

parada, paradísima, milagrosa, donde tú estás eternamente juvenil.

mientras yo te contemplo, yo me vivo, trabajo,

amaso mi vida contra aquello que pasa. Soy lo que pasa.

Pero no paso, abrazado

a ti, a tu estar, a tu sonreír, a tu existir sin medida.

Oh silencio suspenso donde milagrosamente una nota resuena.

Una gota de agua que en la oscuridad nunca cede,

nunca cae, y en la cueva indecible misteriosamente brilla.

Brillo, vida, amor mío, presente continuo que en la cueva

del amor me recrea.

Oigo fuera los tiempos. Oigo el embate cruel de las

amontonadas espumas,

y siento aquí el aire parado, el frío delgado del aire inmóvil

de la cueva sublime,

y allí tú, delicada perla que por siglos viniste,

gota mirífica donde con el solo brillo interior

interminablemente resplandeces.

Carne, alma mía, verdad concreta, cuerpo precioso.

Clara tú, clara siempre, que a mí dadivosamente has sido pronunciable.

Pronunciarte, decirte, con tu bulto adorarte,

montón real, continuamente vivido como una verdad

confesada.

Mi confesión, mi dulce ser, mi dulce estar, mi vida sola,

tú, mi perpetua manifestación hasta el fin de mi vida.

Vicente Aleixandre

miércoles, 15 de julio de 2009

POESÍA ERÓTICA. A QUIEN VELA TODO SE REVELA. GONZALO ROJAS



Bello es dormir al lado de una mujer hermosa,
después de haberla conocido
hasta la saciedad. Bello es correr desnudo
tras ella, por el césped
de los sueños eróticos.

Pero es mejor velar, no sucumbir
a la hipnosis, gustar la lucha de las fieras
detrás de la maleza, con la oreja pegada
a la espalda olorosa,
la mano como víbora en los pechos
de la durmiente, oírla
respirar, olvidada de su cuerpo desnudo.

Después, llamar a su alma
y arrancarla un segundo de su rostro,
y tener la visión de lo que ha sido
mucho antes de dormir junto a mi sangre,
cuando erraba en el éter,
como un día de lluvia.

Y, aún más, decirle: "Ven,
sal de tu cuerpo. Vámonos de fuga.
Te llevaré en mis hombros, si me dices
que, después de gozarte y conocerte,
todavía eres tú, o eres la nada".

Bello es oír su voz: -"'Soy una parte
de ti, pero no soy
sino la emanación de tu locura,
la estrella del placer, nada más que el fulgor
de tu cuerpo en el mundo".

Todo es cosa de hundirse,
de caer hacia el fondo, como un árbol
parado en sus raíces, que cae, y nunca cesa
de caer hacia el fondo.