El amor ascendía entre nosotros
como la luna entre las dos palmeras
que nunca se abrazaron.
El íntimo rumor de los dos cuerpos
hacia el arrullo un oleaje trajo,
pero la ronca voz fue atenazada.
Fueron pétreos los labios.
El ansia de ceñir movió la carne,
esclareció los huesos inflamados,
pero los brazos al querer tenderse
murieron en los brazos.
Pasó el amor, la luna, entre nosotros
y devoró los cuerpos solitarios.
Y somos dos fantasmas que se buscan
y se encuentran lejanos.
Es precioso. A mi padre le encantaba Miguel Hernández
ResponderEliminarHola Preste: Gracias por tu visita, publicaremos otro de Miguel Hernández ahora, un gran poeta, sin duda.
ResponderEliminarGracias.
Que precioso poema....
ResponderEliminarLo que fue, podía haber sido o simplemente ya no es.
Es magnífico.
Gracias por traerlo.
Un abrazo!
Gracias Sea sirens por visitar mi blog y dejar por aquí algunas escamitas en forma de palabras, un saludo
ResponderEliminarAlejandra
no te conocía y creo que es una gran idea tu blog y que decir de M Hernández,
ResponderEliminarbesos